Sembremos para cosechar

Salvo un milagro que se registre esta noche, una nueva frustración internacional está a punto de escribir el fútbol juvenil de nuestro país en el certamen sub-20 que se disputa actualmente en ciudades peruanas. Pese a la enorme voluntad expuesta por nuestros jóvenes jugadores, la falta de experiencia internacional  parece que vuelve a postergar la ilusión de clasificar a un mundial o llegar por lo menos a instancias finales.

Esa experiencia que se logra alternado  en competencias profesionales y que está permanente postergada para quienes desde las inferiores viven reclamando  una oportunidad.

Bolivia enfrenta en esta cita a selecciones en cuyas filas hay un alto porcentaje de jugadores que alternan en los torneos de primera división y en muchos casos como titulares. Nuestra selección tiene en Alejandro Chumacero al único representante con un recorrido de importancia en esa exigente escuela donde se foguea y  se logra acumular los conocimientos que sirven en momentos de presión, como son los partidos en los que se hace imprescindible buscar resultados positivos.

La historia seguirá escribiéndose de esta manera, mientras nuestro fútbol profesional y sus dirigentes sigan su trabajo con el pensamiento puesto simplemente en un mediocre presente y desechen todo plan que nos encamine hacia un futuro con mejores perspectivas.

Si no hay una audaz planificación con los grandes cambios que el fútbol reclama hace mucho tiempo, seguiremos soñando  cuando algún resultado, como el empate contra Brasil, nos ilusione de cuando en cuando.

No podemos seguir conformándonos con ser simplemente partícipes,  ingresando muy pocas veces en el círculo de los que realmente compiten.

Si queremos que las victorias sean algo frecuente y que nuestros equipos y selecciones tengan reales posibilidades de competir exitosamente en reuniones internacionales, trabajemos con la vista puesta en el futuro, sólo con buena siembra se logra una cosecha generosa.